Como arquitecto, trabajo en el desarrollo de espacialidades, en las atmósferas de la ausencia, en presencias desanimadas. Son imágenes que inducen al sentir y mantenerse en el límite entre lo reconocible y lo extraño, entre la definición y la indefinición; distopías, donde se mezcla el espacio-tiempo y el claroscuro, para hacernos reflexionar sobre nuestra existencia, utilizando el óleo, la instalación, la fotografía, la animación y el arte digital.

La arquitectura me entregó la capacidad de proyectar una idea que ya está acabada incluso antes de comenzarla. Mi proceso consiste luego, en romper esa imagen por medio de múltiples técnicas analógicas y digitales en simultáneo. Todo concluye en espacios, paisajes de sensaciones enfrentadas, donde conversan arquitectura y artes visuales.
Esto me lleva a analizar lo que pasa a mi alrededor y sus causas. Mi obra encuentra su origen ahí, en el análisis y la crítica. Pongo a la vista nuestras circunstancias en relación a interrogantes sociales, científicos, metafísicos y espirituales.