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En el mundo líquido en el que vivimos, nuestra humanidad desvanece gradualmente. En ese momento, solo tenemos el anhelo por el calor humano. Este deseo se manifiesta poéticamente en el 'Terraine Vague', que son edificios que se detienen en el tiempo y las economías quedando desfasados dentro de su propio tiempo, un tiempo a destiempo. Estos edificios traen consigo un imaginario, una esencia que no puede estar exenta de temporalidad.

Mi trabajo enfatiza esta pérdida progresiva del elemento humano y al mismo tiempo reclama su existencia. Estos fragmentos, sedimentos de historia, se reflejan a través del contraste entre la luz y la oscuridad, entre óxido y pulcritud, entre el material y lo inmaterial que se expresa en tanto en las pinceladas como en la textura de las fotografías.

La tecnología, el capitalismo y la aceleración de estos tiempos nos están llevando a un mejor camino o simplemente nos están mecanizando? convirtiendo las relaciones frías y nuestras superficies suaves y reflectantes, donde los momentos nos rebotan y esto se aprecia tanto en las relaciones humanas como en las formas de expresión contemporaneas.