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En el mundo líquido en el que vivimos, nuestra humanidad desvanece gradualmente. En ese momento, solo tenemos el anhelo por el calor humano. Este deseo se manifiesta poéticamente en el 'Terraine Vague', edificios que se detienen en el tiempo y las economías quedando desfasados dentro de su propio tiempo, una atemporalidad. Estos edificios traen consigo un imaginario, una esencia que no puede estar exenta de Kronos.

Estos fragmentos, sedimentos de historia, se reflejan a través del contraste entre la luz y la oscuridad, entre óxido y pulcritud, entre el material y lo inmaterial que se expresa tanto en las texturas como en su degradación.

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